Madrid despide a Alejandra Salazar como se despiden las carreras que dejan huella
Alejandra Salazar vivió en el Movistar Arena una despedida cargada de emoción, arropada por su familia, compañeras, representantes del pádel y un público madrileño que quiso ponerse en pie por una de las grandes leyendas de este deporte.
Un último paseo por la pista central
Hay despedidas que no se explican solo por lo que ocurre en una pista, sino por todo lo que cabe dentro de ese último paso.
Alejandra Salazar entró por última vez en la pista central del Movistar Arena atravesando un pasillo formado por familiares, amigos, compañeras de profesión y representantes institucionales. Al otro lado la esperaba un estadio prácticamente lleno, una ovación larga y ese silencio extraño que aparece cuando todo el mundo entiende que está viendo algo que no se repetirá.
Madrid, la ciudad que la vio crecer como jugadora, volvió a abrazarla. Esta vez no para empujarla hacia otro partido, sino para acompañarla en el cierre de una etapa que forma parte de la historia del pádel.
Una carrera resumida entre lágrimas, recuerdos y aplausos
El homenaje repasó una trayectoria levantada a base de títulos, victorias, momentos complicados y compañeras que también forman parte de su camino. Alejandra no pudo contener la emoción al verse de nuevo en tantas pistas, tantos partidos y tantos instantes que, con el paso del tiempo, han acabado dibujando algo más grande que un palmarés.
Entre los asistentes estuvieron Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español; Alberto Tomé, director general de Deportes de la Comunidad de Madrid; Joan Cuscó, presidente de Esedos Padel y promotor del torneo; Javier Rodríguez, presidente de la Federación Española de Pádel; y José Luis Amoroto, presidente de la Federación Madrileña de Pádel.
También hubo espacio para los gestos más íntimos. Alejandra recibió un cuadro realizado por Ester Moyà y compartió abrazos con sus seres más queridos sobre la pista. Fue una de esas escenas en las que el deporte se queda en segundo plano durante unos segundos, porque lo que pesa de verdad es la vida que hay detrás de una carrera.
El abrazo con Gemma Triay, una imagen para guardar
Uno de los momentos más simbólicos llegó con el abrazo entre Alejandra Salazar y Gemma Triay en el centro de la pista. Dos jugadoras que compartieron títulos, derrotas, presión, exigencia y muchos días de competición volvieron a encontrarse en una imagen sencilla, pero enorme por todo lo que arrastraba.
No hizo falta demasiado más. A veces un abrazo cuenta mejor una historia que cualquier vídeo de resumen. El público lo entendió y el Movistar Arena respondió como se responden estas cosas: de pie, con emoción y con memoria.
Madrid devuelve parte de lo recibido
La despedida tuvo también un final más luminoso, con música, baile y la participación de Júlia Medina y Jaime Terrón, de Banda LaRepera. Después llegó el momento inevitable: Alejandra volvió a cruzar la pista para decir adiós al público.
Durante años, Madrid la vio competir, ganar, sufrir, volver, resistir y convertirse en una referencia para varias generaciones. En el Movistar Arena, esa misma ciudad le devolvió una parte de todo lo que ella había entregado.
Alejandra Salazar se marcha de la pista, pero no del lugar que ocupa en el pádel. Algunas carreras se cierran con un resultado. Otras, como la suya, se quedan flotando un poco más, porque han ayudado a construir el deporte que hoy conocemos.
Foto: Oysho
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